Con un abrazo, 84 padres poblanos estrechan a los hijos que dejaron de ver hace más de una década

Alejandro Crisóstomo Jiménez cuenta que hace cuatro años, una experiencia de fe le mostró que se reuniría con sus padres: Alejandro Crisóstomo Ochoa y María Claudia Jiménez.

Y con el paso del tiempo, dice, Dios movió todo y puso en su camino a las personas que —adscritas al programa de Mi Casa es Puebla— trabajaron para que él pudiera abrazar y besar a los autores de su vida.

Alejandro Crisóstomo Ochoa, de 72 años de edad, y su esposa, María Claudia Jiménez, de 65, fueron el regalo navideño anticipado para el hijo que vieron partir de su humilde hogar, en Ciudad Serdán, en el estado de Puebla (México), hace 13 años.

“Yo seguí ese camino de fe y puse mi esperanza en las manos de Dios”, dijo el trabajador de la construcción, de 35 años. “Así, Dios ha honrado el sueño de su siervo”.

La reunificación familiar de 84 padres y madres de migrantes poblanos, que se extenderá por 23 días, se efectuó este viernes en las instalaciones de “Mi Casa es Puebla”, ubicada al sur de la calle Indiana, en Boyle Heights.

“Este programa es un reconocimiento a quienes han demostrado trabajar en favor de sus comunidades”, dijo Manuel López España, director del organismo representativo del gobierno de ese estado en Los Ángeles.

“Mi mamá dominaba cualquier calibre de chancla cuando me portaba mal…Y cuando salía con mis amigos y no llegaba a casa, mi padre me iba a buscar. El decía: ‘Si se me pierde un animal en el campo voy y lo busco, cuantimás [sic] busco a un hijo. Yo era joven y no entendía cómo un padre ama a sus hijos”. – Alejandro Crisóstomo Ochoa

Alejandro Crisóstomo Jiménez disfruta el amor de sus padres Alejandro Crisóstomo Ochoa y María Claudia Jiménez. / fotos: Jorge Luis Macías

Los clubes de poblanos que han beneficiado a sus lugares de origen después se convierten en beneficiarios y son quienes proponen a los padres o abuelos que viajan a Estados Unidos para reencontrarse con sus hijos y nietos.

Por ejemplo, Teresa Bello Espinoza —presidente del Club Puebla en Acción— fue quien propuso a Alejandro Crisóstomo Ochoa para el reencuentro con sus progenitores.

Bello Espinoza dijo a La Opinión que su club trabajó este año para ayudar económicamente a algunas familias cuyas casas resultaron afectadas por el sismo de 5.9 grados que remeció a la ciudad de México y Puebla, en julio pasado.

“También ayudamos a una señora de mi pueblo [Huehuetlán El Grande] con el sepelio de su padre”, dijo. “Nosotros como poblanos nos ayudamos uno a otro”.

Esta labor de reencuentros familiares comenzó con el exgobernador Rafael Moreno Valle y siguió con el actual, Antonio Gali Fayad.

De hecho, el gobierno de esa entidad paga por el transporte terrestre de todas las personas de la tercera edad hasta la ciudad de México para que tramiten las visas en la embajada estadounidense; además del vuelo aéreo de ida y vuelta de las 84 personas y su transporte terrestre desde LAX a la sede de Mi Casa es Puebla.

“Este programa, más que nada, es el resultado de la importancia que le da el gobierno a su diáspora de emigrantes”, precisó Manuel López España.

“Para nosotros, como mexicanos lo más importante es la familia y permitir ese reencuentro que, en la mayoría de los casos, son abuelitos no conocen a muchos de sus nietos o no han visto a sus hijos por más de una década”.

Los 84 padres llegaron este viernes a Casa Puebla, ubicada en el área de Boyle Heights. / foto: Jorge Luis Macías

Regalo anhelado

Visiblemente emocionado, Alejandro tocó el rostro de sus padres. Besó el rostro cansado y asoleado del hombre que le enseñó a trabajar y estrechó sus manos llagadas, y como si fuera un niño se acurrucaba en los brazos de su madre.

“A mí, nunca me faltó un par de zapatos y cuando se rompían, mi padre los sabía remendar”, recordó el joven poblano. “De mi madre, recuerdo que ella se quitaba el pan de la boca para dármelo; sentir de nuevo su amor es maravilloso… Es un gran regalo anticipado de Navidad”.

Fueron casi 13 años sin que Alejandro pudiera ver físicamente a sus padres, desde aquel 10 de diciembre de 2005 que llegó a EEUU. Su convicción era darle una mejor vida a sus progenitores y a sus tres hijos.

“Siempre es bueno honrar a los padres”, añadió. “Ellos trabajaron duro para darme algo de estudio y ahora es mi turno para ayudarlos y sostenerlos; mi papá me enseñó que siempre debo ver por aquellos que vieron por mí algún día”.

“Yo contaba el tiempo”, dijo la señora María Claudia Jiménez. “Fueron 12 años y 11 meses sin abrazar a mi hijo”.

El padre, Alejandro Crisóstomo Ochoa expresó: “A mi hijo lo amo con todo mi corazón y con toda mi alma”.

Virginia Ramos Guzmán (d) no se despegó ni un instante de su madre, Anastasia Guzmán Ramos (d), de 62 años de edad y a quien dejó de ver hace 10 años.

La Navidad más feliz

Las hermanas Cira y Rafaela Luna Mendoza, acompañadas de sus hijos Alexis y Yonotzinc, respectivamente llevaron pancartas con los rascacielos de Los Ángeles para coronar como Reyes a sus padres, “Ageo Primero”, de 85 años y “Lucrecia Primera”, de 78.

“Tener a mis hijas conmigo es el mejor regalo que Dios me ha mandado en mi cumpleaños”, dijo Lucrecia, llena de vitalidad y alegría y con su corona en la cabeza.

“Hoy me siento más feliz porque cumplo años y tengo conmigo a mis hijas y a mis nietos. Voy a tener la Navidad más feliz de mi vida”.

“Ellos son nuestros reyes”, dijo Rafaela Luna, quien en su hogar de Koreatown le tenía preparado un sabroso pastel a la autora de sus días.

“¡No llore! Que todavía no me he muerto; si apenas hoy cumplo 78 años”, dice Lucrecia Mendoza.

Por su parte, Ageo, caminando a paso lento pero firme, comentó: “Mi corazón no me cabe en el pecho por la emoción”.

Entre tanto, Aarón Guevara, un agricultor residente de Bakersfield y su hermano Gregorio, jardinero quien vive en Las Vegas, lloraron de alegría cuando visualizaron a la distancia a sus “viejitos”: Carmelo Guevara Gutiérrez, de 86 años e Inés Flores Mendoza, de 72.

“Ya tenía 29 años sin ver a mis padres”, dijo Gregorio, oriundo del poblado de San Francisco de Asís, en Tehuitzingo, Puebla.

“Este era el más travieso de los dos”, dijo el octogenario apuntando a su vástago, a quien hizo reír y no dejaba de abrazar.

Todos ellos tuvieron fe en que algún día se reencontrarían y la vida les permitió ayer experimentar de nuevo el cariño, amor y respeto que siempre se prodigaron.

Aarón Guevara (i), residente de Bakersfield, su padre Carmelo, su madre Inés y su hermano Gregorio (d), oriundos de San Francisco de Asís, en Tehuitzingo, Puebla.

Requisitos del programa

Ricardo Herrera Serrallonga, del Instituto Poblano de Asistencia al Migrante, dijo que los requisitos indispensables para ser parte del programa “Raíces de Puebla” son:

1. Ser poblano.

2. Que el padre/madre sea mayor de 60 años.

3. Nunca haya estado en Estados Unidos.

4. El hijo/hija debe ser parte de un club de poblanos en Estados Unidos y ayudar a sus comunidades de origen.